2.03.2007

En la tetería

Amigo Quijote, ayer te esperé y no viniste. Tu fiel Sancho sin patillas y en el siglo XXI, zugando de una cachimba con saber a limón dulce, lo nunca visto. Sé que no estás muerto, que las novelas de caballería terminaron con final de novela rosa, tú y Dulcinea cenando en el restaurante más pijo de Madrid. Hace meses que dejamos de compartir habitación, de cenar cecina con mujeres de tanta edad que no cabían en el restaurante, siempre a la espera de nuestro amor, cómo un arqueólogo de una tumba sin descubrir. Son estos tiempos diferentes, ya no nos tiran los tejos las viudas ni cantamos en los karaokes, Juan Manuel de Prada no se acuerda de nosotros y Rafa ha perdido las gafas ( como degustaba el cuerpo de Julia). Quijote, señor y amigo, compañero de piso de Andrea, nos queda aún una azaña contra los molinos que ahora son bares, con ron, ginebra y whisky. Tu fiel escudero, Sancho.

1 comentario:

Aemo dijo...

Mi fiel escudero Sancho, no terminas nunca de sorprenderme con tu manejo de las palabras que hacen salir mis más féminos sentimientos a flor de piel, más aun cuando te diriges a mí. Sentí no poder asistir a la cita con vos, pues Dulcinea no me lo habría perdonado. Queda por tanto pendiente nuestro encuentro en uno de esos molinos del nuevo siglo para seguir con nuestra fraternidad que se fraguó en tiempos calurosos en el reino de Aranjuez. Me alegra saber que quitarte las patillas no ha afectado a tu condición de noble y buen poeta.
Gracias por seguir siendo fiel a nuestra amistad.
Un fuerte abrazo