San Valentín

Queda poco para carnavales y por eso los cobardes empiezan a frotarse las manos. Unos días antes, San Valentín. Siempre acuden a la cita hombres con minifalda y tetas asimétricas, que se manosean sin pudor en la plaza y que después, otro día, más calmados, se manifiestan por la Familia. Tampoco faltan las chicas que cada año añaden la palabra "sexy" a su disfraz: policía sexy, monja sexy, enfermera sexy, puta sexy, caperucita roja sexy. Incluso los señores vestidos de mujer se escandalizan con esas piernas al aire, con ese culito tan bien puesto y esos pezones proclives a la dureza. Niños vestidos de vaqueros con la placa de levis en lugar de sheriff, de Superman en silla de ruedas o de Mafalda enseñando el tanga. Viejos que bailan al son del movimiento de paquete del cantante de la orquesta que ha contratado el Excelentísimo Ayuntamiento, próximo concursante de operación triunfo. Hay militares, ángeles, vacas, curas, de todo menos personas. Los carnavales son para cobardes, para aquellos que no se declararon en San Valentín. Yo pasaré esos días encerrado en casa, te espero.