Dew

Hasta las aceras saben que te vas y dejan en sus surcos el agua sucia de la noche, caen los trenes como dientes de mendigos, y las ruedas, portadoras de tu ropa interior usada, se empeñan en pisarme los talones. Te vas de nuevo a tu ciudad, de nuevo me dejas descampado, indefenso ante las nubes de Claudio. Cuando llegues llámame, no importa la hora.