Me voy

Hay días tan dolorosos que hasta las muerte parece una anécdota. Abrir los ojos nunca fue tan difícil, notar el peso de los párpados, la sombra de las cejas y el arañazo entreabierto de pestañas. Dar un paso implica en estos días darlo hacia atrás, sin más remedio. Porque en estos días hasta el caballo blanco de Santiago no conoce su identidad, no sabe de su dueño, de su color.