5.13.2007

Peine azul

Hoy he recordado como mi madre nos peinaba a mi abuela y a mí. Primero se sentaba mi abuela con el respaldo de la silla a un lado, pelo cano y fino. Mi madre usaba un difusor de agua recomendado para plantas y un peine de plástico azul, algunos pelos se soltaban y caían sobre el luto, contrastando o siendo. Mi turno venía después, impertinente me quejaba de los tirones, de pie, de mi pelo rizado. Conmigo también usaba el agua difuminada, y me ponía la carrera por la fuerza a un lado y me pedía que fuese bueno. Cuando los dos habíamos quedado como síntoma de una buena ama de casa nos dejaba ir, a mí al colegio, a mi abuela a comer tostadas. Ahora se peinaba ella.

4 comentarios:

Tito dijo...

Seguro que no hace tan bien el Pato Pekín como peina a su hijo...

campanilla dijo...

Yo núnca usé el peine de mi abuelo y aún y así, es el que más me hubiera gustado que me peinara.
Cuando se despertaba de sus múltiples siestas a lo largo de todo el día, se peinaba acia atrás los dos pelos y la berruga oscura de su calva con su gran palma de la mano. Una mano curiosamente muy suave después de tantos y tantos años cosiendo pieles para hacer zapatos y manejando instrumentos complejos, difíciles y duros que sólo los callos podrían manejar.
Ojalá me hubiera peinado alguna vez con la misma delicadeza que a su calva.

SpNt2005 dijo...

Mil detalles cada día a los que parece que no se les da importancia; pero cuando pasa el tiempo... maemia como se hechan de menos. y es que, la gran vida es cotidiana, tan vida como los momentos de aparente extrema importancia.

Marca más una caricia con amor que el beso más largo sin ternura.

Un saludo, porque la magia sigue estando además de en la situación, en la forma.
Un abrazo. SpNt2005

Mae dijo...

Hay una escena en "El corazón helado" de Almudena Grandes igual a la descrita por tí: la abuela peina a su nieta Raquel. Un rito cotidiano se convierte en ceremonia.