Los padres de ella

Y es que uno es el lugar que habita. Cuando estamos en un país que no es el nuestro lo echamos de menos, lo defendemos como la Inquisición defendía la muerte, sin importar las críticas que dijimos mientras en él estábamos, que vertimos, en el fondo, sobre nosotros mismos. Por otro lado, si dejamos nuestra Comunidad Autónoma tan repudiada en tiempos de tenerla cerca, y llegamos a otra con un cielo diferente, recordamos el suelo verde deteriorado, el abono negro para las encinas, el semen blanco de las cigüeñas. ¡Ay, pero la cosa sigue! A pocos kilómetros de tu ciudad, de tu pueblo o habitáculo sin techo, existe siempre una ciudad, un pueblo o un cuartucho al aire libre, que todo lo quisiera de las calles que son tuyas, sin tu nombre. ¿Quién soy yo entonces? Hoy "todo quisiera ser, indefinido, en torno a ti: paisaje, luz, ambiente, gaviota, cielo, nave, vela, viento...Caracola que acercas a tu oído, para poder reunir, tímidamente, con el rumor del mar, mi sentimiento". Y es que uno es el lugar que habita, en estos momentos me toca ser silencio de riachulo, picadura de mosquito en la noche, un buen chico pels pares de la meva nòvia.