Guisantes

Siempre quise ver a una mujer desnuda. Mi padre se casó con una brasileña cinco meses después de mi primera paja. Era preciosa. Yo, que siempre quise ver a una mujer desnuda, ahora quería verla a ella como escultura griega, permanente ante mis ojos. Entreabría toda puerta que la contuviese, concentrada en un punto, que era su pecho y a la vez era mío, porque cuando descubría mi cuerpo de colibrí nervioso tras la ranura, me pedía que pasase, con ese acento suyo que hacía levantar al mismísimo Lázaro. Guisantes congelados- decía mi padre.