El veinticho van veintiuno

Ana, me gusta saber que aún recuerdas el mote que ocupaba mi nombre con dieciséis años, ahora que cada vez son más los pelos que caen sobre mi almohada. ¿Recordará alguien, tras los inviernos altos, que hubo un cuerpo llamado como yo? Quizás tú puedas decírmelo, aunque sólo sea pronunciándome.