Otra anécdota más

Hace unos días le estuve enseñando Mérida a mi novia, aunque debido a mi portentoso sentido de la orientación fue ella la que me guió a mí. Llegamos a lo que han llamado "La casa de Mitreo", lo cuál resulta muy gracioso cuando lees en el panel informativo (que los mismos que bautizaron ese sitio con ese nombre han colocado) y descubres que de Mitreo y Mitra nada, que puede ser pero que también puede no serlo. Una vez allí y observando tumbas descubrí algo horroroso, sobre ellas, a su alrededor, no había gusanos sino caracoles. ¡Qué muerto podría soportar aquéllo! El movimiento lento, ¡la vida! Si muero, quiero hienas sobre mi tumba.