10.21.2008

Periodista de sucesos







Requerían verse desde que se conocieron. Sus abrazos llegaban a durar días, como si la única sustancia que uniera sus cuerpos con la vida fuese el cuerpo de su amante. En el pueblo no se hablaba de amor sino de enfermedad, pues nadie creía que el ser humano pudiera vivir sin un aislamiento parcial, como el producido en la intimidad de un baño. Tras su muerte, el forense que los ajustició, sentenció que nada tenía que ver el corazón con aquéllo, sí sus huesos imantados.

6 comentarios:

TINTA... TONTA dijo...

Ummmm! No sé si me gustaría tener los huesos imantados a alguien... Definitivamente no! Opto por la independencia.
Si ya decía decía yo que el amor es una enfermedad, la gran enfermedad de la vida.
Me alegra que sigas escribiendo, poeta del sombrero!

quemanía dijo...

Que bonito, pero qué triste poeta....

pifa dijo...

pakino, sigue escribiendo, que yo te leo :)

Farrah dijo...

Qué putada, pero qué poético.

Me gusta mucho.

Un saludo!

pifa dijo...

pakino se m ha ocurrido un plan, t gustaría q te ilustrara lo q escribes? al menos para el blog? esq estoy con ganas d dibujar.. y si t gusta lo cuelgas y sino.. pos no!

Francisco José Najarro Lanchazo dijo...

Jejeje, me parece perfecto Pifina!