11.01.2008

Castillo

Uno siempre ha detestado la mediocridad, hasta tal punto de prometerse el suicido si en ella caía. Si embargo, en días cuyo nombre no importa, pues parecen domingos en la noche, se retracta y desea un trabajo que sólo sea trabajo, una plaza de funcionario, una mujer que adore el matrimonio, unos hijos que no den problemas hasta la adolescencia, un coche, unos padres dependientes, una vida ocupada. Deja atrás la idea de que no merece la pena vivir sin pensar en lo que se vive, es más, desea vivir de rutinas, acciones tipificadas que no le causen conciencia. Y empieza a escribir como si el lector fuese un sacerdote, y ríe, y se siente como un loco de dos cabezas. Uno siempre ha detestado lo genuino, hasta tal punto de prometerse el suicido si en ello caía.

2 comentarios:

quemanía dijo...

Ahora sí que sí poeta.

TINTA... TONTA dijo...

Nunca te lances a la rutina, ni a lo cotidiano, ni a lo medriocre. Nunca te lances. Sigue deseando para ti lo imposible o impensable poeta, pues llegará. Eso seguro.