Por petición

Perdonad que tenga abandonado el blog pero es que últimamente ando muy liado. De momento, hasta que vuelva, os dejo un poema de Mendigo, una antología de la obra de Jésús Aguado que me tiene loco,

LA LOCURA

Llamaba la atención que dijera sentirse incomprendida
por los árboles ("daban sombra hacia el lado opuesto
del banco donde estaba leyendo una novela"), por el mar ("sube cuando
estoy triste y baja cuando el gozo me inunda"),
por los gatos ("existen para que nunca olvide mis carencias:
no soy ágil ni fuerte, ni grito en el amor, ni tengo siete vidas").
Yo mismo, en cierto modo, la estaba traicionando
al intentar mostrarle que su interpretación no respodía a la verdad:
¿qué sería de ella cuando al fin comprendiese
que los árboles no proyectan sombra según sus apetencias,
que hay unas leyes a las que el mar se ajusta,
que los gatos no pueden decidir no existir?
Con mis explicaciones la estaba condenando
a sentir como todos: a estar sola.
Al final concluyó que yo también la incomprendía
porque siempre la estaba midiendo con palabras
("es la mejor demostración de tu locura"),
no con mis manos y mi boca, no con mi piel, no con la sombra
de mis árboles, el mar de mis caricias ni mis gatos de niebla.