Insomnio
Cuando llega la noche y el mar se esconde
y tiritan los barcos como sueños
y es una cuerda floja el horizonte,
sentencio que no son los trapecistas
hombres valientes sino pobres hombres,
fantasmas de hombres que por su materia
atraviesan los cuerpos sin quedarse.
(Lo atroz no es mi presencia tras mi muerte,
sí tu ausencia constante mientras dure).
Cuando llega la noche y tú te escondes
en el lado visible de mis párpados
y me tocas sin miedo la barriga
porque sabes que mientras duermo callo,
deseo el insomnio que nadie quiere,
el café que abrasa los intestinos,
que mantiene vivos a los amantes.
(Tú, y no la luz, acabas con la noche,
haces crecer los días si despiertas).
Francisco José Najarro Lanchazo, La vespa amarilla.

2 Cotilleos:
De verdad, no sabés cuánto deseo tener ese libro en mis manos.
Desde que te cruzaste en mi camino en esas clases de inglés, cada palabra tuya me tocó de una manera diferente.
Lo que escribís, lo que sos, es como un café en Manchester mientras fuera llueve y ves pasar a la gente mientras leés el periódico. Es como darte cuenta de que podés dormir un poco más y darte la vuelta y acurrucarte de nuevo en la cama. Es como tocar a tu pareja a la madrugada, en esa duermevela extraña, y sentirte a salvo porque sabés que sigue ahí.
Aunque creo que no vas a entender lo que intento decir.
¿Y para cuándo vamos a ver La vespa amarilla, entonces? Tengo muuchas ganas.
Publicar un comentario en la entrada