Vocación

En las ciudades hace calor porque el otoño no quiere entrar en ellas, porque en ellas no quedan árboles. Sólo pierden hojas los periódicos, que tienen pocas que valgan, es más, las que valen son las desaparecidas, las que cubren a los mendigos como mantas o losas, las que las amas de casa utilizan para limpiar los cristales o evitar que el suelo se llene de aceite, las que los niños se lanzan hechas bolas. Esas son las verdaderas noticias, la del sintecho, sinvoz, la de las ventanas sucias y las manos maltrechas que las limpian sin voz, la del agricultur aceitoso bajo el sol y sin dinero, la de los niños que juegan sin juguetes, ambos sin voz. El otoño no entra en las ciudades igual que el periodista no entra en las vidas que no hablan. El otoño sólo comprende la copa, no la raíz escondida.