Julio

Lo exámenes me han ido mal y no puedo llorar. Me estrujo y nada cae. Mi abuelo cumpliría 88 años el 2 de julio, quizás ese día lo consiga, igual que nos rociamos con perfume para una cita. Mi madre me dice que ya le han puesto la lápida pero que hasta mañana no irán a verla. Se me hace raro relacionar un futuro con él, ahora que está muerto. Yo he escrito los versos que lleva martillados la piedra. Lo que echo en falta no son sus palabras, sino su voz, como la caricia callada que consuela. Lo que echo en falta no es su voz, sino nuestro diálogo. Quiero llorar, que suba la marea.