Canción en blanco, Álvaro García



La música en Álvaro García es la música de Álvaro García. Porque leer sus poemas es entender lo que el cantante piensa mientras canta. En Canción en blanco, Premio Loewe, ¡hasta el título es música! Incluso puede el lector entonar en alto el poema, único y sonoro. Pero junto a la melodía están las palabras.

Desde una habitación de hotel, nada que ver con los cuartos de hotel que los poetas de la anécdota ponen en sus versos, todo sucede, “Tú, yo, la humanidad, necesitábamos / el mito del lugar que redimiese el propio”. Una habitación de hotel donde ocurre lo de dentro y lo de fuera, la presencia de los cuerpos o el bombardeo en una ciudad lejana que sale en la televisión “Las víctimas que no están en su tumba / están en la memoria / de la ciudad que no pudo salvarlas. / Como la filtración / de una humedad en un muro, / pocas cosas más vivas que la muerte, como yedra que en la lápida impugna las palabras / de un mismo amor en dos o tres idiomas”.

El tiempo es constante, sí, también en el libro-poema de Álvaro García, pero es capaz el poeta de manejarlo a su antojo, de inventar nuevas leyes “Querernos siempre o más: hacia el pasado: / habitar en la infancia uno del otro.” Tiempo y amor, “Hemos sentido que querremos siempre, / por eso amamos una fragilidad”. Tiempo y ser, “La muerte va más lejos que la idea / y sabe quiénes somos más allá de quien somos”.

Canción en blanco es un único poema de unas sesenta páginas, y lo extraño es que no sobra ningún verso en él, todos podrían citarse aquí, no cansa, se disfruta. “Hubo un tiempo en que la autodestrucción / podía confundirse con las ganas de vivir”, esta es la duda que obliga al lector a leer y releer, y no dormirse.


Fragmento

El tiempo se adelanta al tiempo y a nosotros
lo mismo que pensar sin tener que pensar
la fiesta paseable de un viento de cornetas
después de la tragedia, el huracán
con nombre de muchacha, un nombre aséptico
para fijar horror con algo asible
como se fija en la probeta un virus,
como se fija el olvido la memoria,
como fija el cristal luces que pasan.
Descubrimos la boca en el sabor
como si no bastara con saberla
con el dedo que toca y entreabre
la boca y roza el diente y se humedece.
Comprendo el tiempo en esta habitación
que huye de los días y los quiere.
Eres la entraña de agua de una fruta,
eres la concreción del infinito.