El mal hombre, Rubén Romero Sánchez




Si se busca en google “El mal hombre”, se encontrarán distintas críticas y reseñas acerca de él. Lo que no variará, sin importar quien firme el texto, es que debajo podrá leerse un comentario de Emilio Porta, uno de sus editores, junto con Enrique Gracia Trinidad. Este comentario viene a ser el mismo siempre, que Rubén Romero es un poeta extraordinario y que su libro es inmejorable. ¡Ya quisiera uno tener un editor tan involucrado!

El mal hombre, primer título de la colección de poesía Netwriters de Legado Ediciones, es un buen poemario, que pese a no tener poemas redondos, sí es un libro redondo. Desde que se abre hasta que se cierra uno siente la angustia de estar vivo y saberlo.

El libro está repleto de citas bíblicas y referencias a Dios, sin embargo, esto es sólo una excusa del poeta para mirarse desde una moral difícil en lo terrenal, para reprocharle al mal hombre las cosas que como hombre no podría reprocharle, “¿Por qué me traicionas, / le dijo el hombre a Dios, / cuando de todas mis mentiras / tú eres la única que aún está viva?”.

Estructurado en cinco “cantos” como quien busca la salvación, Romero Sánchez nos lleva por un recorrido de lo más alto del ser humano a su decadencia y de ésta a la compasión, así titula las partes en orden Del amor, De la traición, Del tálamo, Del Olvido y Del perdón. En este recorrido nos encontramos con malos hombres encantadores “Hoy vamos a bailar hasta que a Dios le de vergüenza”, cachondos “dios, si tú eres el verbo, / yo qué cojones soy, / un complemento / circunstancial?”, duros “y mis hijos sin padre habrán roto sus cerditos / para hacerse por fin con una vida / a la que pagan por adelantado” y  sinceros “ Yo no te conozco y tú no me conoces. / Yo he matado a alguien y tú eres mi refugio”.

Con un verso libre que suena bien y que se siente como canto por las continuas anáforas y paralelismos, aunque reprochable a veces tanta repetición, El mal hombre es una apuesta segura para leer poesía y no morir de aburrimiento.

           
              ***
el vacío que has dejado
llena mis noches

pregúntale a Arquímedes
qué demonios pasa

            
              ***
¿Por qué me traicionas,
le dijo el hombre a dios,
cuando de todas mis mentiras
tú eres la única que aún está viva?
Deja de llorar como una nube,
contestó dios al hombre,
lo que tú llamas traiciones
no son sino actos de fe
que tengo contigo.