28 de abril


Se me vienen tantas imágenes a la cabeza cuando uno ha de cumplir un nuevo año que no quiere cumplir, el esclavo que a base de latigazos construye la Pirámide, el burro que tira del arado sin saber qué ara ni quién comerá aquello, si es que el tiempo, no el de los minutos sino el de la tormenta, aunque haya minutos finos como lluvia, lo permite. Diez días para cumplir veintiséis años y poco de lo que alegrarse. Dos libros publicados sin pena ni gloria, al menos tengo la certeza de que mi madre los leyó, una editorial que se lleva casi todo mi tiempo y de la que no recibo ni un duro, y la obligatoriedad de irme a otro país para poner en uso dos títulos que casi pudieron estrenarse en España, pero otro se me adelantó. Lo laboral, claro. De lo demás muy bien, algún quilo sobra, pero ya está.