Garrapata, pulga, hombre

Paseo por Santiago de Chile y miro a los perros callejeros. Tristes y sucios  los miro sabiendo que estaban ahí antes de que yo llegara. Pero quizás eran menos. Quizás menos porque algo falta en mí, algo así como sentimientos de interior, esos que necesitan poca agua, poco riego, esos que crecen y adornan el cuerpo de uno, solos, por dentro. Había menos perros seguro. Los miro, tristes, sucios, los reconozco. Tengo lo de dentro fuera y el olor es terrible, como cuando prendes una fotografía y te llega olor a carne quemada. No pido que vuelvan a mí. La caricia basta.