Skype

Al enterarse de que iba a estudiar periodismo, lo primero que me dijo mi abuela fue que quería verme en la televisión, hablando tan bien como los que en ella salían. Mi intención nunca fue esa, que mi abuela me viera detrás de una pantalla. Sin embargo, acabado los estudios y tras un periodo de prueba en España, tuve que emigrar a Chile. Y entonces mi abuela comenzó a verme detrás de una pantalla, la del ordenador, haciendo un Skype siempre que podía. Hoy la han enterrado, en un día de tormenta. Eso dice mucho de la fuerza que tenía, capaz incluso de cambiar el tiempo. 

Yo no nací para periodista ni para jurista, aunque creo que conseguí hablar bien, como aquellos que salían en la televisión. Cuando murió mi abuelo escribí un poema sobre mi abuela, viuda en aquel momento. Ahora que ha muerto pienso en el poema y me da la sensación de que se ha borrado, de que dos negaciones juntas se anulan.

Los truenos le daban miedo. Tampoco le gustaba la luz del wifi, que parpadeaba en su cuarto y que tenían que apagar cuando ella se iba a la cama. Luz de truenos, luz eléctrica. Yo creía que sólo había una cosa más rápida que la luz, los sentimientos. Pero ni estos. Hablo con mi familia gracias a internet, ellos están bajo los truenos. Los sentimientos me van llegando de a poco, conozco el concepto de la muerte, no así su tacto. Abrazar la nada es doloroso.

Ella quería que su nieto le escribiera su epitafio:

"Harás brotar flores allí donde te has ido,
porque ni siquiera la muerte será rival de tu alegría"